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Daroca de leyenda

Muchas son las leyendas que existen sobre Daroca. La mayor parte de ellas referidas a la Edad Media. Estas son algunas de las más conocidas

 

Las ocas

Al poco de la conquista de la ciudad de Daroca por Alfonso I, el moro Omán ben Ahmed, hijo de Ahmed ben Ibraim, muerto en 1120 en la batalla de Cutanda, en unión con moros de Cuenca preparan un ataque sorpresa para reconquistar Daroca, ahora en poder de los cristianos. Una noche los musulmanes se apostan en sigilo para el asalto de la ciudad, mientras los guardias dormían. Cuando estaban a punto de caer sobre la descuidada Daroca, unas ocas comenzaron a graznar, despertando a los centinelas; los darocenses pudieron rechazar el ataque y conservar la ciudad. Desde entonces, las seis ocas figuran en el escudo de Daroca en recuerdo de aquel suceso.

La Virgen de Nazaret

La ermita de Nazaret era un templo dedicado a la diosa Diana. Allí había una joven virgen llamada Corina que servía en el templo. Una noche se presenta a ella un anciano llamado Torcuata (San Torcuata fue obispo de Guadix y había nacido en Bílbilis), el cual la convirtió al cristianismo. Corina tiene una noche una visión en la que se le aparece la Virgen María, la cual le pide haga una ermita en la gruta que servía antes de templo pagano. Así lo hizo y desde entonces existe la ermita de Nazaret bajo las peñas del castillo y en la gruta.

Ermita de Nazaret
Foto: Julio E. Foster

El diablo Royo

Este personaje vivió en la casa de la calle de la Grajera que tiene una hermosa ventana gótico-mudéjar. Era un anticlerical que vivió en Barbastro y allí dio muerte a muchos frailes en 1835. Con la Desamortización, Luis García, que así se llamaba este personaje, se hizo dueño de casi todas las propiedades de los conventos de Daroca, trasladándose a vivir a esta ciudad. En Daroca se dedicó a quemar retablos y cuadros religiosos de los conventos de la ciudad. Dada su ferocidad le llamaron el diablo Royo. Hombre derrochador, malvendió todas sus propiedades y marchó de Daroca, no volviendo a vérsele por aquí hasta pasados algunos años regresó a Daroca, pobre y ciego, yendo de puerta en puerta pidiendo limosna. Desapareció y nunca más se supo de él.

Ilustración del dibujante darocense Moratha para su cómic sobre la leyenda de la Morica Encantada
Ilustración: Moratha

La Morica Encantada

Tras la conquista de Daroca por los almorávides, en 1110, se enseñorea de la ciudad el moro Aben Gama, el cual construye un palacio en el castillo Mayor de Daroca destinada a Melihah, hermosa joven que ha mandado traer de Oriente. La joven queda recluida en el palacio, pero no es feliz. Un caballero cristiano, llamado Jaime, es apresado por los musulmanes y encerrado en las mazmorras del castillo. Melihah lo ve llegar y se enamora de él. Ambos jóvenes se ven a través de las rejas de la prisión. Un día, Daroca es cercada por las tropas de los cristianos, y ante la confusión de los sitiados, Melihah toma las llaves de la prisión y libera a su amado cristiano, el cual huye, y va al encuentro de los suyos. Enterado Aben Gama ordena matar a Melihah, que es ejecutada en el subterráneo que todavía existe en el castillo Mayor, conocido como de la Morica Encantada. Los cristianos ocupan Daroca gracias a los informes de Jaime, el caballero cristiano. Enterado éste de la muerte de su amada, cayó en un estado de profunda melancolía. Todos los días subía al castillo pasando largas horas sentado a la entrada del subterráneo. Y se dice que desde el día que murió el caballero, todas las noches sale la mora encantada vestida de blanco del túnel donde fue asesinada, y vaga por las murallas de Daroca en busca de su amante.

El pozo de San Vicente

San Valero y su diácono San Vicente iban de Zaragoza a Valencia cuando se detuvieron en Daroca. Allí, San Vicente, para aliviar la sed de San Valero que había caído desfallecido a causa del calor, tocó por tres veces el suelo con el cayado, brotando de inmediato un chorro de agua fresca. Ante tal prodigio, varias personas se convirtieron al cristianismo y en aquel lugar se construyó un pozo, llamado desde entonces de San Vicente, en la calle de la Grajera, el cual nunca se ha secado.

El Ruejo

En 1575, quince años después de construida la Mina, el día 14 de junio, un inmenso aluvión de agua cayó sobre Daroca y sus contornos. Ante la magnitud de la tormenta, la Mina era incapaz de dar salida a tanta agua, por lo que la ciudad comenzó a verse amenazada por la inundación. La Puerta Baja se había cerrado con la fuerza de las aguas y la corriente había depositado tras ella todo tipo de materiales, formando un auténtico dique de contención, convirtiendo la zona en auténtico lago que amenazaba con inundar la ciudad entera. Pero en los momentos más críticos, una enorme rueda de molino, un ruejo, que estaba ubicado en la Puerta Alta en la casa de José Garcés, movido por la fuerza de la corriente, bajó por toda la calle Mayor con enorme velocidad, descargando tal golpe contra la Puerta Baja que la abrió de par en par, dando así salida a las aguas y salvando a Daroca de la destrucción. El Ruejo se colocó en la calle Mayor, a la altura del número 82, donde se dedicó una capillita a San Buenaventura, por celebrarse ese día su fiesta. Hace unos pocos años se trasladó el Ruejo al Paseo de la Constitución, frente a la Puerta Baja.

El Ruejo, salvador de la ciudad, instalado en lugar de honor junto a la Puerta Baja.
Foto: Julio E. Foster

Las Banderas de Jaime I

Durante la conquista de Valencia las tropas de Daroca destacaron de forma sobresaliente por su valor. Uno de los episodios más resonantes fue el asalto a la ciudad, en el cual los darocenses clavaron la bandera con las barras de Aragón en la puerta de Serranos de Valencia, perdiendo en el asalto a su capitán. Como agradecimiento por el valor demostrado, el rey Jaime I entregó a los darocenses dos banderas con las barras de Aragón. Jirones de estas banderas todavía se conservan en el ayuntamiento de Daroca, cosidos a banderas modernas. Dichas banderas preceden al ayuntamiento pleno en los actos solemnes que realiza.

 

 

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50360 Daroca
Zaragoza (SPAIN).

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